En el piso, pero erguidos!

A pedido de algunos lectores, volvemos rápidamente (después de casi un año) a delinear algunas frases para comenzar con los debates, intercambio de opiniones y, por qué no, conocimientos varios.

Visto y considerando el reciente clima de derrota y frustración tras la goleada, más que insistir con algún dato histórico, problema político o simplemente continuar bajando la moral de la sociedad, quisiera agregar un par de líneas sobre qué deberíamos aprender, a mi entender, sobre este mundial…

Más allá del exitismo al que siempre tendemos, más allá del derrotismo al que siempre vamos, deberiamos contemplar que en este casi mes de partidos, cábalas y gastritis futbolera la mitad más uno del país (no me atrevo a decir TODO el país…) tiró para un mismo lado.

En las ciudades donde hubo pantallas gigantes en las calles la gente se juntó a ver los partidos, practicamente sin incidentes, sin actos de violencia, con un respeto por el otro (incluso con los extranjeros que también acudían) que dejaba asombrados a todos.

Durante estas semanas, más embanderados que para el bicentenario, no había rivalidad entre partidos (de fútbol, políticos); salvo las discusiones familiares sobre cuál jugador gambetea más y cuál debería dedicarse a sembrar papas, los argentinos vivieron varios días de “unión”, de nacionalismo camisetero. Se dejaron de lado los problemas y divisiones políticos, se alentó desde un mismo lugar.

Se veía en la calle esa necesidad de festejar aunque sea un gol, aunque sea gritar “vamos Argentina que se puede” sin tener que afiliarse a alguna ideologia en particular.

Tuve la sensación que el hartazgo del trajín cotidiano de noticias llegó a tal punto que era necesario patear la pelota para olvidar, que cada gol era un bálsamo para esta nación que la viene sufriendo desde que se independizó.

No creo que debamos defenestrar a jugadores, DT y cuerpo técnico como solemos hacer (el tradicional “nosotros ganamos” y “ellos pierden”), sino que debemos agradecerles por las sonrisas que nos dieron durante tres semanas, que debemos dar gracias a los argentinos que hincharon y pusieron tanta energia positiva para tirar para un mismo lado. Tal vez no logramos la gloria mayor, pero logramos estar unidos en un sentimiento y en un objetivo, y es justamente eso lo que hace que un país avance: ir todos para el mismo lado, con las mismas ganas, poniendo la fuerza y la energía. No tenemos que dejarnos vencer por el derrotismo de un partido; sí, nos caímos, pero sabemos que podemos seguir… Esto es enseñanza historica, lo venimos haciendo hace más de doscientos años… Nos caemos, nos levantamos: pero ahora tenemos que hacerlo entre todos.

Hay todo un semillero atrás (no solo jugadores, sino una generación de chicos, de argentinos) a los que tenemos que demostrarles que tremendo tropezón no es final… que en la caída y derrapada en el suelo nos dan fuerzas para pararnos, erguidos y demostrarle al mundo (y a nosotros mismos) que se puede seguir…

Yo no me voy a dejar caer por un mundial perdido… ¡vamos Argentina!

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