Cuando calienta…(el sol, el fuego, etc)

Verano. Mes en el que todos desean estar asoleándose a en las playas doradas del mar, hacer campamentos en zonas agrestes, salir todas las noches y olvidarse de lo que fue un año más en los calendarios.

Los centros turísticos se atiborran de esa tribu llamada “turistas”, tan codiciados como, en cierta forma, despreciados. Claro, al habitante del centro turístico no hay nada que le moleste más que verse invadido por extraños seres que se pasean con bolsos y sombrillas, mochilas y cacerolas; personajes que hablan lenguas raras y tienen modas más raras aún. Pero el que los recibe hace de tripas corazón y esboza (o al menos intenta esbozar) su mejor sonrisa desde fines de diciembre hasta principios de marzo.

Esa bronca visceral hacia quienes transitan las zonas turísticas va más allá de la invasión trimestral del espacio que uno considera propio. La dependencia turística, la adoración por lo propio y la falta de cuidados sobre éstas zonas es lo que alimenta a ese gnomo protestón que todo residente lleva dentro.

 La cosa viene por (una vez más) la falta de educación para un turismo educado y consciente de las áreas que visita, ya sean grandes conglomerados urbanos, playas, selvas, montañas o desiertos. A todo el mundo le encanta sacar fotos, los paisajes son maravillosos. Pero, ¿qué pasa cuando en la foto donde deberían haber montañas azules y bosques verdes, aparecen grandes columnas de humo gris y llamaradas de fuego rojas? Caso práctico del día: Incendio en Bolsón. Más de mil hectáreas de bosque nativo incendiadas por lo que se cree que fue un incendio intencional.

Aclaremos términos. Se le dice “incendio intencional” a un tipo de fuego causado por un inconsciente que hizo una fogata o asado, a un salame que tiró una colilla de cigarrillo mal apagada (o totalmente prendida) a la ruta, a otro bestia que tiró una botella de vidrio al rayo del sol cerca del pasto… Y podría seguir. Es decir, es un incendio que no provocó la naturaleza para hacer su renovación o porque simplemente le dio la gana (léase, por ejemplo, rayos).

Los que fuimos criados en estas zonas (y no digo Parque Nacional, sino zonas de alto valor ecológico) tuvimos cierta educación ambiental en el colegio, más por interés de los profesores que por el plan de estudios. Pero uno salía del colegio con cierta noción de la importancia de aquello que te rodea. Obviamente, siempre hay ganado que sale del rebaño, pero son los menos. A la mayoría ni se le ocurre tirar un papel en la calle o en el bosque, tirar mugre al agua de un rio o lago, cortar flores silvestres para un ramo…

Igualmente, incluso las personas criadas en la más grande las urbes tiene cierto grado de educación: a nadie se le ocurre tirar un pañal en el living de su casa, vaciar la yerba en la alfombra del cuarto o tirar el aceite de freír papas fritas en el tanque de agua del edificio. La educación por la limpieza y la salubridad la tenemos casi todos, hayamos nacido en Buenos Aires o Rosario, Villa Llanquín (costa del Río Limay) o Matagusanos (una casa en la vera de la ruta mendocina).

Y ahí viene, creo yo, parte de esa bronca hacia los turistas. En realidad es bronca contra el sistema educativo (y mi blog se está tornando una especie de Cruzada para su modificación). Tenemos la realidad de un año de sequía absoluta en muchas zonas del país, lo que lleva a que los riesgos de incendios forestales y falta de agua sean realmente graves. Nos encontramos, además, con que no existió campaña de prevención (invisible por completo en cualquier nivel: Parques Nacionales, gobernación nacional, provincial y, en mi caso, municipal). Esto no sería necesario si en los colegios se enseñara a las criaturas que hay lugares que se pueden hacer ciertas cosas y en otros no; que la preservación de nuestros recursos naturales (y de nuevo, bosques, yungas, mares, desiertos, selvas, ríos….TODOS los ambientes y ecosistemas) es de vital importancia no solo para la conservación genética, histórica y económica de estas bellezas, sino también porque son fuente de vida tanto humana como animal y vegetal. Sabemos que un niño de cinco años es capaz de quemarle la cabeza a su padre si éste se pone a hacer un asado en el medio de un bosque o si tira una botella al mar… Un chico bien enseñado puede incluso educar a sus padres; no descreamos de la capacidad de estas criaturas.

Asique, señor turista, no son contra usted las caras de odio, sino contra su falta de información (y en muchos casos, su falta de educación). No se tome a mal que en su hostería, cabaña y/o comercio amigo se le hagan sugerencias sobre dónde hacer una fogata, porque no hacer fuego en ciertos lugares, porque no debería cortar flores ni cazar renacuajos. Simplemente queremos que sus nietos también vean el lugar tal como usted lo está viendo.

Me ha pasado de estar caminando por ahí y ver señoras con enormes ramos de flores autóctonas, recién cortadas de cuajo de alguna senda, y decirles que, por favor, no corten las flores porque son nativas,  les cuesta crecer, etc, etc… y encontrarme con reprimendas, malas caras o completa indiferencia.

Creo que si todos colaboramos (el lugareño enseñando y el turista preguntando, curioseando o simplemente informándose) y si todos usamos el sentido común y la lógica simple, podríamos evitar este tipo de incidentes.

El incendio de Bolsón, el riesgo de incendio en toda la zona cordillerana, la contaminación en la costa argentina desde Mar del Plata hasta Puerto Madryn (por decir solo lo más turístico y comercial), la depredación de especies autóctonas desde Salta y Misiones hasta el sur más austral tienen un impacto extremadamente negativo en todo el territorio nacional. Y no es cuestión de culpar al cambio climático solamente. Hace poco tiempo hice una caminata por una zona que tuvo un incendio hace más de diez años… y los árboles quemados siguen allí; el bosque todavía no se recupera, no se ven retoños… Es fantasmal pasar por ese lugar.

Si sabemos que para vivir necesitamos agua pura, aire limpio, comida sana, ¿por qué no cuidar la fuente de la que salen estas energías vitales? Vamos gente, pilas… se puede tener un verano tranquilo, sin percances entre turistas y residentes y sin conflictos brutales con la naturaleza. Un poco más de cuidado y de consciencia nos hace bien a todos.

Saludos y felices vacaciones a quienes se las puedan tomar.

Bren

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