Impresiones de una caminata.

Esto que les voy a contar pase hace ya varios días. Una vez más la ciudad de Buenos Aires tuvo esa capacidad de sorprenderme que tanto me gusta.

Fue en uno de esos días que hay mil cosas para hacer, con 30º y pocas ganas. Para empezar, tenía que hacer una serie de actividades burocráticas en la facultad; después me tocaba ir a la otra punta de la ciudad para ir a la sede de las Academias Nacionales y después… el día continuaría. Pero ¿porqué detenerme en esta parte del día y en estos lugares? Veamos el recorrido…

Sali de mi departamento hacia la facu (tramo Recoleta/Palermo hacia Balvanera/Once) en colectivo. (Sí, 30º a las 10 de la mañana pudieron con mis ganas de caminar)). Un tramo normal, le presté poca atención y viaje leyendo. Esa costumbre que cuando uno llega a BA dice “esto a mi no se me va a pegar” y termina pegándose.

La odisea empezó cuando logré librarme de la secretaría y empecé a caminar (los 30º representaban un desafío cero frente al ensardinamiento del colectivo). Caminé desde H. Yrigoyen y Matheu hasta Callao y Av. Alvear.

Y aca viene el texto del día de hoy. La sorpresa de encontrar toda una serie de diferentes Buenos Aires y porteños que no dejan de ser iguales pero que buscan ser diferentes. No sólo en la arquitectura de la ciudad, sino también en sus habitantes.

De Balvanera hasta Av. Córdoba (y con perdón de la generalización y los calificativos) se veía un mundo y una cultura de trabajo pesado, de esfuerzo. Una mezcla del barrio con trajín del día a día. Caras cansadas, curtidas por el sol de la ciudad; personas acaloradas por el sol que calienta el cemento del Once. Caserones antiguos, fachadas viejas y semiabandonadas. Negocios que delatan varias generaciones tras el mostrador. Veredas gastadas por el tiempo y el paso de los transeúntes; voces, gritos y bocinas que hacen a la música del lugar. Un sonido tan característico… De Av. Rivadavia hasta Av. Corrientes se puede ver cómo el barrio deja lugar a la versión argentina de un zoco.

De Av. Córdoba hasta Av. Santa Fe (y casi me animaría a decir, Av. Las Heras) un punto medio, diría yo. tal vez por la sensación de haber vivido por la zona durante varios años. Más estudiantes y jóvenes, mucho traje de oficina y moda a la vista. Pasos rápidos, pero elegantes. Ya no es barrio ni zoco, es una moderna zona de compras, fachadas un poco más arregladas, aunque no todas. Es la zona más “tecnológica”: celulares, wi-fi, mp3, mp4…

De Av. Las Heras hasta Callao y Av. Alvear descubrí todo un mundo. Edificios y personas con maquillaje y arreglos varios, todos puestos a punto. No parecía ninguna de los dos anteriores Buenos Aires, para nada. Una sensación de ciudad tranquila, gente sentada en la vereda leyendo el diario a media sombra, disfrutando de la mañana. Poco ruido y muchos árboles. Ningún jóven a la vista, pero sí los abuelos de todos ellos. Parecía el paraíso dentro del caos. La paradoja de las paradojas.

En las tres zonas que delimité hay edificios viejos, casi rayando principios de siglo. Pero no están igual de cuidados. Tal vez sea por tiempo y presupuesto, tal vez no. Las razones de los inquilinos deben ser varias. En las tres zonas había argentinos y extranjeros, nacionalizados y turistas… pero hay como una selección automática de quienes van a qué lugar. No vi europeos en Balvanera, como tampoco vi latinos en Av. Alvear. Tampoco estoy segura de haber visto argentinos que realmente se sientan argentinos en alguna de las tres zonas. En todas escuché despotricar contra el país…

Me puse a pensar, entonces, que la ciudad era la misma, que las personas eran las mismas… aunque con diferentes hojas de ruta que marcaron sus vidas. Pero me dio la sensación de que no se sentían partes de la misma ciudad, de la misma nacionalidad. Nuevamente pude sentir ese individualismo barrial, por llamarlo de una forma, que tanto me sorprendió en Buenos Aires; esa idea de que la ciudad está dividida por territorios y cada uno pertenece a un espécimen diferente de ciudadano. Una copia burda de Berlin en la II Guerra Mundial.

Se que mis amigos bonaerenses y porteños sabrán disculpar estas acotaciones sobre mi caminata. Son simples observaciones sobre rostros y edificios con 30º de calor y un sol radiante sobre mi cabeza.

Los invito a hacer la caminata y comentar sobre sus observaciones…

Buen fin de semana para todos,

Bren

2 comentarios to “Impresiones de una caminata.”

  1. Cyrano Says:

    Más de una vez he recorrido esa ruta, y he tenido pareceres similares… siempre me llamó la atención lo marcada que es esa división, y a su vez lo estrecha que es la necesidad que se tienen los distintos ambientes. Todos despotrican, pero nadie duda en cruzar la linea; y creo que ahí reside lo mas asombroso de la ciudad: la simbiosis.

    Ser Argentino, es justamente no serlo.

    Besos

  2. Brenda Ailin Segurel Says:

    Cyrano,
    tal vez esta mezcla de inmigrantes, criollos y los tres nativos que quedaron provocan esto de ser “argentino”: una amalgama de personalidades que no terminamos de conjugar y que cambiamos a cada paso.
    Seguramente todos somos indispensables, porque nos completamos con el otro, aunque no lo reconocemos muy a menudo.
    gracias por el post,
    beso
    bren

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