Ayer mientras paseaba por la ciudad de La Plata, entre diagonales y plazas, me encontré con el Museo de arte y memoria. Como tenía que hacer tiempo y había una muestra fotográfica, decidí pasar y ver qué había.

La muestra (“Malvinas, retratos de paisajes de guerra“, de Juan Travnik) todavía no esta inaugurada, pero igualmente se exponían las fotografías. Eran primeros planos y planos americanos de rostros y cuerpos de algunos ex combatientes de Malvinas y algunos paisajes de las islas, con los cacharros abandonados tras la batalla. Debo reconocer que a primera vista sorprenden, impactan y dejan ese nudo entre la garganta y el estómago que es indigerible. El blanco y negro en los rostros dibuja lineas duras, mientras que en los paisajes disimula la crudeza del lugar.
Espero que pongan los nombres de esos combatientes, porque lo primero que pensé fue: “¿honrar la memoria? ¿y los nombres de estos valientes?” Ser solo un rostro en una foto en un museo perdido es peor que el anonimato y el olvido de la sociedad; es reconocer un hecho histórico pero no a quienes intervinieron.
Hay fotos que son realmente sorprendentes (por no decir terribles): rostros tristes, miradas perdidas, medallas en línea con miembros del cuerpo perdidos, chapitas de batalla en el cuello atadas con un nudo de horca… Recuerdos de algo que nos negamos a olvidar pero que intentamos evitar.
Hace poco, en un viaje de larga distancia y en un colectivo donde la mayoría eran extranjeros, pasaron la película “Iluminados por el fuego”. Todavía me acuerdo de la señora que lloró la película entera y el silencio sepulcral que siguió a la proyección. Un recordatorio de que las heridas abiertas hace más de 20 años siguen abiertas. Y no parecen querer cerrarse.
Una vez escuché a un psicólogo decir que para que la sociedad cure esas heridas es necesario darles cierre, por lo general un juicio, o algo que ponga el rótulo de “etapa final”.
Últimamente veo y siento que más que intentar cerrar etapas, se escarban las heridas hasta que la sangre corre libre. Y así también se infectan y se desdibuja la herida original. No se si es la eterna melancolía argentina, que se niega a olvidar el pasado, o es la memoria débil que prefiere barrer abajo de la alfombra lo que no nos gusta. Pero se siente y se percibe que nadie se esfuerza por cerrar la historia, como si nos encantara sufrir.
Individuos, familias y toda una sociedad que sufrió la guerra de Malvinas y que todavía no logran superarlo. Esto es terrible para una sociedad porque impide seguir creciendo y mirar hacia adelante. Si no se pone un cierre, si no logramos ver lo que pasó y superarlo, esos rostros en las fotos van a seguir perdidos, van a seguir siendo anónimos y nos va a seguir agarrando esa angustia por dentro.
Es una lucha contra la anomia social, tal vez.
saludos,
Brenda
Marzo 30, 2009 en 10:58 pm |
grax………muy buen post.encima tengo que hacerlo para la escuela +10
Marzo 31, 2009 en 12:52 pm |
Hola Franco,
Gracias por el comentario. Ahora: nada de andar plagiando eh! jajaja. Disfruta la escuela, aunque no me creas, la vas a extrañar!
saludos y suerte con el trabajo,
Brenda
Abril 2, 2009 en 9:23 pm |
que bueno
Octubre 27, 2009 en 4:57 am |
a esta mui interesante esto
gracias