Anoche mi hermano y yo estábamos por acostarnos cuando el flash informativo de la tele (si… después de 5 años sin TV ahora tengo imágenes móviles en mi casa… se usa poco, pero un noticiero de vez en cuando viene bien), nos dejó atónitos: el flamante y joven ministro de economía, que tantos suspiros causó entre nuestras madres y que tantas esperanzas despertó por su juventud entre algunos, había renunciado.
Bueh, renunciado según algunos medios, despedido según otros y apartado de su cargo para los menos. No importa, el tema es que a cuatro meses se estaba yendo uno de los personajes que más prensa tiene en argentina: el ministro de economia. Pánico extremo entre algunos, cotideanidad para otros, sorpresa para quienes Argentina siempre nos sorprende.
Y no pude evitar caer en esa manía de quienes hemos estudiado relaciones internacionales de armar en nuestras cabezas las más hilarantes y descabelladas teorias conspirativas. Teorias que van más allá de la ya tradicional hipótesis de que se está armando una hegemonía de “Fernández” en el gobierno, de que en realidad hay algo más (el famoso “ahí hay algo, eh”), etc.
También uno evita imaginarse a ciertos amigos de apellido Fernández en el gobierno…
Pero más allá de la conspiración y la comedia, me quedé pensando en los medios y en las noticias que daban. Sobre los medios por ahora no voy a emitir una opinión extensa, sino que los remito a una nota de Nicolás Daniele (http://nicodaniele.blogspot.com/) para empezar con el tema.
Me sorprendió cómo se presentaban todos los hechos aislados, pero como notas principales el conflicto del campo con el gobierno y la renuncia de Lousteau. Tal era la distancia de todos lo que presentaban que parecía que estaban hablando de países diversos: la sequía más grave desde 1925 en Santa Fe, las inundaciones en el bosque chaqueño que perjudicaron a gran parte de la población nativa… Pero apenas como titulares. Eso sí: el conflicto con el campo, que casi hace acordar a la vieja pugna entre unitarios y federales volvía una y otra vez. (Ah y no nos olvidemos del terrible humo que sufre la ciudad. Quien haya estado de campamento alguna vez sabe y entiende que tampoco es para tanto y que no a todo el país le preocupa que lo que pase en Capital Federal, sino lo que pasa de la Gral Paz para el otro lado. O en todo caso, que si se acuerda sobre importaciones y exportaciones, que el humo permita que el puerto de Buenos Aires funcione, pero eso no fue analizado ni mencionado por los medios).
Escuché los discursos de la Sra. Presidente (sí, en femenino: me quedó grabado de una clase de Teoría Política que hay puestos en que no existe el femenino, por tradición griega y porque la evolución en el término no era tal como hoy… asi que me quedo con un término viejo y seguro) y me dio una sensación de presentaba una sociedad dividida y que los sucesivos discursos no daban lugar a la conciliación entre las diferentes partes; todo lo contrario, era una batalla verbal contra generaciones pasadas, presentes y… no me animo a decir si futuras. ¿Cómo no recordar a Baumann? Sí… el “nosotros y ellos” queda siempre vigente y se adecua a tantas situaciones. El mundo contra… el gobierno.
Me pareció triste y realmente lamentable que a tan pocos meses de asumir, cuando debería estar festejando el período de democracia más largo de nuestra historia (y que como forma de unión de la sociedad es un buen comienzo y una poética forma de hacer discursos presidenciales), el gobierno comience a resquebrajarse. “Era predecible”, “es un mal augurio” fueron los análisis de las calles porteñas.
Vi algunas caras de preocupación (y escuché varios comentarios) hoy en la ciudad, como si el país se estuviese hundiendo nuevamente.
Realmente me preocupa no saber nadar.
Espero que puedan tener un buen fin de semana.
Bren